Antecedentes
La Revolución Industrial comportó una mayor dependencia del consumo de combustibles fósiles para la calefacción, la energía, el transporte y la fabricación. En la actualidad, la opinión más generalizada entre la comunidad científica es que ésta y otras actividades humanas contribuyen al aumento de la temperatura en la superficie del planeta.

Las temperaturas han aumentado un grado Fahrenheit durante el último siglo, con un calentamiento acelerado durante las últimas dos décadas. 10 de los últimos 15 años han sido los más calurosos de los que se tenga constancia. Estas temperaturas elevadas alteran los patrones climáticos y provocan tormentas violentas. A su vez, el aumento de la evaporación aumenta la precipitación. Las capas de hielo y los glaciares que se derriten elevan el nivel del mar, lo que provoca inundaciones. Por ejemplo, la capa de hielo antártico contiene el 70% del suministro de agua del mundo. Si se derritiese, los océanos subirían aproximadamente unos 70 metros.

El uso a gran escala de combustibles fósiles contribuye de manera espectacular a aumentar los gases invernadero (llamados así por sus propiedades de retención del calor) en una cantidad superior de la que puede absorberse de forma natural. Durante los últimos 250 años, las concentraciones de CO2 han aumentado un 30% y las de metano más de un 50%, de manera que la atmósfera retiene más calor.

Mientras el tiempo se agota para prevenir los cambios en nuestra vida, no es demasiado tarde para invertir los efectos del cambio climático para nuestros hijos y nietos. Necesitaremos la cooperación de las empresas, la industria y los gobiernos, así como las ganas de lograr pequeños cambios para caminar hacia la sostenibilidad. Juntos podemos conseguir un cambio positivo.

Qué podemos hacer entre todos:
REDUCIR
No hay que malgastar combustible. Se deben evitar los viajes en coche innecesarios e intentar ir con los compañeros al trabajo en vez de ir solo en el coche; hay que tener en cuenta la opción del transporte público. Se debe caminar más e ir en bicicleta; mantener el coche en buen estado y los neumáticos hinchados.

Hay que quemar ecológicamente. Cambiar al etanol o a los combustibles biodiésel, que tienen una combustión más limpia.

Se debe cambiar el vehículo, olvidar los utilitarios y conducir automóviles más eficientes. Pasar de tres coches a dos o, mejor aún, de dos a uno. Hay que plantearse comprar un híbrido o uno que funcione con biodiésel.

No se debe malgastar la energía en casa. Hay que evitar el uso excesivo de la calefacción y el aire acondicionado; utilizar bombillas y aparatos eléctricos eficientes. Hay que apagar los aparatos cuando no se utilicen y aislar.

Se debe utilizar menos de todo. Evitar los artículos desechables y muy empaquetados. Gastar menos agua instalando mangos de ducha y depósitos sanitarios más eficientes. Hay que utilizar servilletas de tela en vez de papel y platos de cristal o cerámica en vez de plástico...

RECICLAR
Hay que comprar artículos reciclados y reciclar lo que se compra. Se debe priorizar el papel sobre el plástico. Reparar y reutilizar los aparatos eléctricos y los artículos caseros. Hay que comprar productos de calidad y tener imaginación.

RENOVARSE
Hay que utilizar energía solar, térmica o eólica. Se deben adquirir productos de las empresas que utilizan energías renovables y apoyarlas.

IMPLICARSE
Hay que ponerse en contacto con los funcionarios del Estado y recomendarles que apoyen políticas como la de los estándares de la eficiencia de los carburantes, los incentivos para el uso de energías alternativas y la investigación medioambiental.

Hay que unirse o apoyar a organizaciones que intentan marcar la diferencia.

Se debe comprar de forma ecológica. Hacer saber a las empresas que se quiere que actúen con responsabilidad respecto al medio ambiente.

Hay que practicar con el ejemplo. Fijarse en cómo se utiliza la energía y realizar los cambios necesarios en el modo de vida para reducir las emisiones de gases invernadero. Se debe descubrir la ‘Huella de carbono’ propia y tomar las medidas adecuadas para reducirla.

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El 2041 es el año en el que se revisará el Protocolo Medioambiental del Tratado Antártico.
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